Segunda parte

-¿Quien dijo fiesta?

Después de desenacalmbrarnos las piernas unos 10 minutos, empezamos a adentrarnos en la magnificencia de la tierra de Mario, caminamos unos 20 minutos observando cada detalle que aquella hermosa tierra nos ofrecía y tomábamos fotos a diestra y siniestra intentando encapsular aquel momento mágico del que éramos partícipes.

Ya habíamos caminado un buen rato y el paisaje cada vez era más hermoso, para el lado que se mirara solo podían verse montañas y una que otra finca campesina asomándose tímidamente por la espesura del bosque, era un paisaje que daba gusto observar y llenaba de una paz infinita el alma.

Entre los pasos, Mario nos iba contando historias de su vida de cafetero y explicándonos como y cuando había llegado a la fina El Océano, nos contó de su niñez, de su amor por el café y de lo feliz que estaba por cosechar un café especial con un alto puntaje.

Al devolvernos y llegar nuevamente a la casita de la finca, nos habló de una manera resumida como era el proceso del café, y nos invitó a que subiéramos a la plancha de la planta de beneficio para que observáramos unos cuantos kilos de café que se estaban secando.

Ya habían pasado varias horas y como dije anteriormente nuestro itinerario era bastante preciso, por lo que cual sardinas nuevamente nos acomodamos en el carro y nos dispusimos a volver al pueblo. Teníamos una invitación pendiente en el café más hermoso de Jardín.

Ya estaba llegando la noche cuando llegamos al pueblo, la temperatura estaba un poco fría y todos estábamos muy cansados, habíamos madrugado muchísimo y el día había estado bastante ajetreado; pero las ganas por conocer y visitar aquel café cálido y delicioso nos quitaban todo síntoma de sueño.

Llegamos a Macanas y nos tenían un espacio mágico reservado; lleno de flores y colores y la amabilidad de todos los que allí trabajaban. Éramos una mesa gigante, habían amigos, familia, conocidos.. todos sentados en la mesa esperando el show de café que uno de los barristas nos iba a presentar.

Desde que llegamos la calidez y amabilidad con la que los dueños (una familia preciosa y de tradición) nos recibieron fue evidente, llenos de sonrisas y buenas palabras que evidenciaban la clase de familiar que eran, su café era delicioso y las tortas, pasteles y demás manjares eran una cosa de loco, que hacen parte del atractivo del lugar; ya entiendo por que todo el mundo recomiendo ir a Macanas cuando visitas Jardín.

     

Como dije, todos estábamos cansados, y a pesar de que estábamos disfrutando de un momento genial, veíamos la cama como un estadio y anhelábamos llegar a la finca de Mario y Diana para descansar. Evidentemente no fue así, los brasileños tenían una mejor idea…

De un momento a otro dejamos de ver a los brasileños; faltaba poco para las 10 y ya estábamos listos para irnos cuando aparecieron con una caja de cartón cuyo interior era desconocido, al parecer querían hacer un churrasco típico brasileño para concluir un día perfecto (una idea sin futuro a juzgar por nuestro estado de cansancio extremo en el momento).

Hicimos nuevamente el trayecto desde el pueblo hasta la finca, ya había llegado otro carro, por lo que el viaje fue mucho más cómodo, todos íbamos cabeceando del sueño, yo no veía la hora de llegar para lavarme los dientes y acostarme, y la idea de que los brasileños quisieran hacer una parrillada a esa hora, con ese cansancio y ese frío me parecía un poco medio mala.

Al llegar a la finca, la energía se sentía bastante apagada, yo solo sentía pena por los brasileños al pensar que sus buenas intenciones no se llevarían a cabo debido al cansancio y el compromiso del día siguiente (visitar otra finca) con cita a las 9 a.m, pero como muchas veces en la vida me equivoqué.

La carne empezó a oler, Jhon, el hijo de Mario prendió el equipo de sonido, destaparon botellas de ron y de aguardiente y uno a uno todos los que estábamos acurrucados en las piezas empezamos a salir y a contagiarnos de la vibra fiestera del momento, el sueño se esfumó y la idea de madrugar al otro día quedó en el pasado.

Fue una noche genial, llena de risas, baile, música, comida, amigos y familia, todos estábamos felices y estoy segura de que ninguno quería que se acabara; solo había una cosa que medio me quitaba la paz y me confundía de una manera divertida el momento, ¿Dónde íbamos a dormir tantas personas?

Continuará

El próximo jueves estará disponible en nuestro blog la segunda parte de nuestra crónica; no se la pierdan -Stay tuned-