Historia Creador Café

Por: Daniel Felipe Builes Ospina

Ninguna historia comienza sin la búsqueda de una verdad absoluta. Se trata de ese talante que permita discernir entre lo adocenado y lo inusual, tal como nos lo ha demostrado el génesis con la superioridad del hombre sobre todas las cosas, o el mito de la caverna en la búsqueda de la realización humana. La leyenda de Creador se diferencia solo en esencia, pues éste, al igual que los anteriores, siempre estuvo en búsqueda de su perfección, el más fino sabor que la tierra le pudiera proveer.

Desde niño, Creador tuvo un apetito especial, que no se asemejaba a ningún otro, talento que le permitió diferenciar cada uno de los alimentos que se cosechaban, saber cuáles tenían la capacidad de deleitar hasta el paladar más tosco y cuáles a simple vista se veían exquisitos pero su sabor no iba a agradar. Prontamente, en su adolescencia tenía el reconocimiento de todos sus allegados, quienes se basaban en las recomendaciones de Creador para hacer crecer cultivos más deliciosos y mejor preparados, correspondiendo al ambiente y la región en donde se encontraban.

Sin embargo, las cordilleras colombianas del siglo XVII no proveían la exquisitez que Creador estaba buscando y se conoció que en América Latina, la cantidad de gastronomía era exorbitante. Sin pensarlo, Creador y otros quienes compartían su gusto, comenzaron un viaje por toda la parte Sur del continente, probando variedades de mates gauchos y chichas peruanas, todas preparadas a partir de los más rigurosos procedimientos de cultivación y maduración.

Satisfechos transicionalmente regresaron a Colombia, convencidos de haber probado todas las delicias, pero se olvidaron de un fruto insípido a simple vista, de color rojizo y de una consistencia inodora: el café. Para todos en esta época, el café no representaba mayor sensación de agrado, pues la propiedad de la bebida radica en un proceso de extracción a través de la semilla, algo muy peculiar si tenemos en cuenta que otras bebidas se extraen de las hojas y el fruto de una planta, siendo el grano del café es una rara excepción.

Fue entonces cuando en la visita a uno de sus coterráneos, Creador descubrió lo que toda la vida aguardaba, desde sus primeros pasos como catador de alimentos hasta sus aventuras por lo inconmensurable del continente. Días atrás, el Arriero, quien tenía una huerta de plantas aromatizantes, había separado la cosecha del rastrojo, el cual procedió a su debida incineración. De estos residuos comenzó a emanar un olor agradable, distinto al calor asfixiante que se respira en donde se queman las hojas secas. Era un aroma distinguible del dióxido de carbono contaminante, de suave textura y profunda recordación. El arriero, quien hubo extinguido aquel fuego al percatarse que no era una quema de rastrojo común, escarbó en las cenizas de leños y ramas, encontrando unos pequeños frutos tostados a los que asoció con las semillas de las cerezas de café. Era inexplicable para aquel hombre cómo un fruto tan pobre en sabor y textura pudiera emanar fragancia tan deliciosa, que se podía discernir de la contaminación.

Sin mayores consideraciones, el Arriero separó las semillas tostadas del rastrojo quemado y almacenó en la cocina de su finca dicho material para un análisis minucioso. Este consistió en el paso de los tuestes por sus dedos y por su nariz, para analizar la contextura física y corroborar el aroma respectivamente. Luego de haber comprobado el grano, procedió a probarlo. El Arriero sintió un sabor amargo y crujiente, no podía creer cómo el fuego había transformado el producto de la planta más <inútil> de su huerta, que incluso consideraba como rastrojo, en el sabor más deleitante que había conocido y que conocería durante toda su vida.

El Arriero no vaciló en regar el rumor por toda la región. Éste alardeaba el había descubierto una semilla capaz de producir la sensación más agradable para el paladar, que incluso podía despertar al más soñoliento de los hombres. Es así como Creador, el más fino catador de alimentos de la época, pudo probar por primera vez el café.

Al visitar <el descubridor del café> y masticar los tostados, Creador proyectó el potencial que tenía la semilla. En su mente imaginó todos los derivados que podría crear con este nuevo producto y la popularidad que alcanzaría a través de los años. Como consecuencia, Creador se mudó cerca de la casa de Arriero, donde había varios plantados de café en las zonas aledañas, que hoy en día se conoce como el eje cafetero colombiano. Cabe señalar que las condiciones climáticas favorecieron en la germinación y cosecha del preciado grano.

Con el tiempo se descubrió que el consumo del café en bebida, preferiblemente caliente, era la preparación favorita para los consumidores. No obstante, el momento más esencial fue cuando se dieron cuenta que la cocción de los granos del café en la hoja de limoncillo bajo el sol daba un sabor distinto al destilado, creando la primera infusión de café en plantas aromáticas. Continuamente, quienes ya pertenecían a un grupo en donde se buscaban las distintas mezclas de café y cuyo líder era Creador, siguieron realizando más infusiones con otros tipos de plantas, escogiendo a la manzanilla entre sus predilectas, junto con la naranja, el limón y la caña de azúcar. Posteriormente, se intentó con otras matas de diferentes características que mejoraban y empeoraban el sabor del café.

A partir de ese momento, el café y sus distintas mezclas compusieron su vida. Éste se dedicó a emular la primera bebida de café con infusión. El problema, algo que Creador pudo entender más adelante, es que cada proceso es distinto y el sabor del café varía según su mezcla, su filtración y finalmente su preparación. Nunca una taza de café será en su totalidad igual a otra que la antecede, dado a factores como el agua, la cosecha del producto, su trituración y finalmente su preparación.

Al final, todos los conocimientos de su vida se vieron plasmados en una nueva tendencia de hacer café y en quienes creen fervorosamente que la calidad la promueve ese sabor único y fuera de lo convencional. La cultura que impartió Creador sirvió para que algunos precursores crearan con émbolos y sifones otras maneras en las que se puede extraer el café, dando a conocer por todo el mundo sus métodos para formar así la primera comunidad de baristas. Estos baristas impartieron una filosofía a través del café, ya no era la simple taza de café oscuro en la plaza más concurrida de la ciudad lo que motivaba a los amantes del recuelo, era la satisfacción producida por el más fino grano, con un procedimiento particularmente distinto al destilado y el fin de catar la esencia del grano en cada uno de los sorbos.

Creador Café recolecta todo lo impartido por este hombre y los otros que siguieron su ejemplo, quienes con un apetito voraz pero refinado decidieron ir más allá de lo convencional y transformar en una experiencia gratificante la más grande realización de sus vidas. La tradición del café no se limita a servir una taza, debe trascender a una experiencia integral, en donde todas las fases involucradas deben ir acordes con la misión de crear un café que esté a la medida de los mejores degustadores del planeta.