Gente luchadora, pujante  y trabajadora se encuentran en todos los rincones del departamento de Antioquia. Un caso particular es el de Carlos Mario Taborda Murillo, un hombre de 45 años de edad nacido en el corregimiento de San Inés del municipio de Andes (Suroeste), quien es y ha sido siempre caficultor por excelencia.

Carlos Mario ha tenido muchas experiencias en su vida, las cuales no serían posibles sin el sustento que le dio el café. Y es que toda su vida se ha basado en torno a este producto; sin la tierra fértil del Suroeste antioqueño ni la capacidad para recoger manualmente el fruto, la vida sería difícil para él y los más de 3.000 caficultores de la región. En Creador Café tuvimos la oportunidad y el placer de conocerlo más a fondo, además de compartir una taza de café con él y su esposa Adriana:

¿Cuál fue su primera experiencia con el café?: “Cuando yo tenía 7 u 8 años me fui a coger café con mi papá. Yo recuerdo que desde pequeño mostraba mis dotes de buen recolector, tarea que realizaba incluso mejor que algunas personas con experiencia. Recuerdo que en la recolecta hubo algunos cafés en verde no listos para recoger y el ´patrón´ le echó la culpa al más pequeño e inexperto de todos: Yo. Luego que comprobaron que no había sido yo, seguí trabajando después del colegio”.

¿Qué es lo que más le apasiona del café?: “Lo que más me gusta es que me da la libertad para distribuir mi tiempo. Hace 37 años empecé a recoger café, nosotros éramos 6 hermanos y 4 hermanas en una finca cafetera pequeña. Desde siempre mi vida ha sido en torno al café”.

¿Hace cuánto se independizó y comenzó a sembrar su propio café?: “Hace 20 años compré mi propia parcela, una ´finquita´ de 3 cuadras. De ahí comencé a sembrar mi propio café, pero como era tan pequeña también me iba a trabajar en otras fincas más grandes, para que me alcanzara para seguirme expandiendo. Hoy en día tengo mi finca “El Océano” con más de 12.000 cafetos. Siempre nos ha ido bien en los negocios, y Bancafé me ayudó demasiado en mis comienzos”.

Cuéntenos una historia que haya marcado su vida personalmente: “Un día yo estaba ´gareteando´ (Llevar almuerzo a alguien que trabaja) y justamente iba con mucha rabia y disperso, no iba concentrado y me caí con todo. En las fincas de café la puntualidad para almorzar es muy importante, por lo que yo no me podía devolver a reponer los alimentos, y procedí a recoger lo que se podía rescatar de la trocha y llevarlo a mi papá y hermanos. Apenas llegué y vieron lo que les había traído, quedaron furibundos”.

¿Piensa usted que su café está bien pagado?: “Normalmente el café es pagado a $7.500 x Kl. Para mí un precio justo, teniendo en cuenta todos los gastos como fertilizantes y los meses muertos en los que no se recoge café, sería a $9.000. Por otro lado, yo siempre he considerado que mi café es de buena calidad, por las características climáticas de mi finca (El Océano está a 1.800 msnm) y porque la cosecha es de selección”.